Viendo pasar la vida

Mujer meditando mientras se toma un café

Parada en mi negocio pienso en todas las ocasiones en que he hecho lo mismo. Mirando la vida pasar tratando de complacer lo que asumo son los deseos de otros. Siempre con ganas de que sean felices y de que se sientan en casa. Corrigiendo empleados, mejorando recetas, apagando fuegos literales y literarios. Y la vida pasa.

Nos quejamos mucho de que la vida pasa. Pienso si no será para esto la vida. Para hacer lo que hacemos de la mejor manera posible encontrando satisfacción precisamente en eso. Pienso en mi papá. Uno de los primeros consejos que le dio a la profesional joven que era entonces al quejarme de que mi trabajo no era lo que esperaba, fue “mi hija muchas veces la satisfacción viene al hacer lo que nos toca de manera correcta, con el mayor entusiasmo posible, tratando siempre de dejar lo que tocamos mejor que como lo encontramos.” Nunca he olvidado esas palabras, aunque no siempre he podido vivir respetándolas.

Pensar en mi papá siempre me lleva a mi mamá. A esa mujer puertoplateña tan perfeccionista, tan enamorada de su marido y de sus jardines. Que viajó el mundo antes de que eso estuviese de moda y que siempre fue más feliz sentada junto a él mirando los flamboyanes. Esa mamá que quiero tanto, que añoro siempre, que me enseñó a ser mujer y a querer a los míos.


Siempre que se aproxima el Día de las madres es casi obligatorio pensar en ellas, no sólo en la madre que nos tocó sino también en las de otros. En mi suegra por ejemplo que dejo las tierras verdes de Irlanda para seguir al Trópico al hombre que quería y hacer un nido en un jardín de Gazcue. A mis comadres, mujeres valientes de temple fuerte y alma cariñosa. A mis amigas que respeto en su maternidad acogedora y recia y a quienes agradezco tanto su cariño. A mi cuñada que quiere tanto a ese hermano que me enseñó a contar cuentos y a inventar historias.


Porque la vida al fin y al cabo es la historia que nos contamos, los cuentos que nos pensamos y las sonrisas que no nos economizamos.
Y sigo aquí, pensando.

Deseo que la felicidad los haya acompañado ayer y que el año siga lleno de amores y sabores como los de Mamá.

Anabella